Esta es una carta abierta a Susana Royo, mi mentora…
Desde mi corazón…
Me tomo la libertad de tutearte, Susana, porque somos colegas. Pero no por eso dejo de admirarte y respetarte, como mi mentora y la persona responsable de mi actual vida docente. Soy consciente de que la alegría que me produce dar cada clase, cada satisfacción dada por las simples cosas de mis alumnos, te la debo, y por ello, te las dedico, te las ofrezco.
La carrera docente tiene esos momentos duros, algunos comunes a todas las carreras, como empezar, el primer final… pero muchos son propios y tienen que ver con la práctica profesional, con el hecho de pararse por primera vez delante de un grupo de “monos” de la escuela. Y eso sí que es dificil, el choque entre el alumno ideal de la teoría del profesorado y el alumno real que que lo que menos quiere es aprender tu materia… en realidad, siendo justos, es lo que menos le interesa. Vos lo sabías…
Lo cierto es que a algunos les cuesta más, a otros menos, y eso también lo sabías. Mi vocación docente era marcada, y la ejercía ad honorem desde los 15 (como catequista). Pero llegaron las prácticas y no me animaba, tenía el curso, observaba, me tiraba para atrás; me daban otro, lo mismo!! Así hasta que me agarraste, y me dijiste de dar las prácticas en el colegio donde observabas. Intuyo que la facilidad de transporte fue una excusa. Yo me moría de miedo pero no pude decir que no nuevamente, eras la titular de la cátedra… además, tarde o temprano debía enfrentar el momento, y cuanto antes mejor.
La primer clase fue aterradora, atrincherada tras el escritorio… y te veía al fondo con mirada seria… Me hiciste la devolución… yo temblaba de miedo, porque viniste y seguías seria… yo esperaba lo peor… me sacarías el curso… Pero sin abandonar la seriedad, me dijiste que hacía años que no veías una clase tan bien preparada. Y te ablandaste, y sonreíste, y me emocioné, porque me animaste a vencer mis miedos, me alentaste a seguir por ese camino y a valorar mi experiencia catequística, que yo despreciaba. Recuerdo que me subí al 106 y tus palabras sonaban en mí: “con tu trabajo y mi ayuda vas a salir adelante, porque vas a ser una excelente docente”.
Día a día me acompañaste, y agradezco muchísimo que tus críticas se basaran en lo positivo de mi clase y no en lo negativo. Siempre resaltabas mis avances, y cuando la profesora titular se enfermó y no podía acompañarme, viniste a todas las clases, no para observarme, sino para que las autoridades me dejaran terminar. Y fue una prueba de fuego, porque los chicos respondían enteramente a mí…
Reías cada vez que me marcabas que estaba abandonando la trinchera del escritorio, me enseñaste a circular entre los chicos, a acercarme. Primero gané la paralela al pizarrón, y luego fui hacia el fondo… pero tengo que decirte, Susana, que aún no logro darles la espalda… o no del todo… no logro vencer mi manía del control…
Pero me quieren… y me valoran por aquello que vos misma me resaltaste: tengo conocimiento como para responder, preparo las clases lo mejor que puedo, explico… a veces siento que te fallo porque no tengo todo muy calculado, a veces opto por la fácil y no preparo muchos más recursos que leer y explicar… y mucha veces improviso sobre la marcha… Siento que te fallo porque vos decías que tengo algo que no se aprende, que es el ser responsable. Tal vez lo estoy perdiendo?
No sé… ciertamente que muchas veces siento que me vendría bien una charla… aunque vencí muchos miedos, aunque me solté y crecí infinitamente, muchas veces conservo esa inseguridad que hace que necesite tu palabra para seguir… Porque no sabés el pánico que me dio mi primer curso sola! ¿qué voy a hacer ahora que nadie me dice si voy bien? Me lo dijeron los chicos, en ese colegio sin normas donde el mejor parámetro era que conmigo trabajaban cuando con otros hacían lío.
Siempre los chicos, directa o indirectamente, me lo dicen. Y te recuerdo… porque vos me lo decías… aquella vez que casi lloro porque las cosas no salían como yo quería… y me dijiste que si no se desbandaron más los chicos era porque yo era buena profesora, mejor de lo que creía.
Pasaba el tiempo, te cruzaba en los pasillos, y siempre me alentaste y me ayudaste. Cuando borraba mi trabajo de tesis porque no me gustaba, te tomaste el trabajo de leerlo y me ayudaste a confiar en mi tarea, a valorar el fruto de mi investigación… nunca te lo llevé, tengo la copia con tu nombre en mi biblioteca… me hubiera gustado tanto que lo leyeras…
Me animaste a dejar el colegio cuando un director desquiciado no respetaba mi estilo: me dijiste que el trabajo debe disfrutarse, más el nuestro, que tiene tanto de creación como para disfrutarlo día a día. Días después cambié a la escuela pública y volví a vivir esto que me decías… no sé si alguna vez te conté ese gran paso…
Ahora, Susana me cuesta pensar que no te voy a cruzar, me cuesta pensar que no va a estar tu palabra de aliento, tu sonrisa, el fuego de tus ojos tras el cristal de tus lentes. Sin embargo tengo la impresión de que cuando dé clase estarás sentada al fondo, sobre todo en los momentos difíciles, diciéndome que si la cosa no es peor es porque tengo talento para que los chicos me respeten por lo que sé. Y cuando cruce el patio entre los chicos que me saludan caminarás conmigo y sonreirás ante mis logros, diciéndome “¿viste que podías?”. Tal vez, acorde a tu grandeza, hasta vuelvas a decirme que tomarías ideas de mi clase porque no se te había ocurrido plantearlo de esa manera.
Así que, Susana, donde estés, recibí estas palabras y mis disculpas, creo que me faltó expresarte más el profundo agradecimiento que siento. Te debo el hecho de disfrutar tanto mi trabajo que es el campo que más alegría da a mi vida. Sé que en el fondo vos lo sabés, ahora más que nunca, pero desde esa agudeza que tenés creo que siempre lo supiste, desde aquella primera clase que tanto te impactó. Siempre quise regalarte unas fresias, hacerte una de mis velas artesanales, entregarte la copia de la tesis que tengo en la biblioteca. Siempre después…
Es cruel la vida, uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Igual no te perdí, como decía antes, sé que caminarás conmigo en esta vida docente que me queda, hasta el día que nos encontremos cara a cara nuevamente y podamos hablar de todas las cosas que no pudimos decir. Porque si estando en este mundo fuiste mi mentora, puedo decir que no quedo sola porque ahora sos mi angel.
Gracias, Susana, por tu dedicación, buen viaje, y que Dios esté contigo!

eres grande tan intensa me encanta tu facilidad de expresión felicidades
Gracias por tu comentario!! Me alegro que te haya gustado lo que hay en el
espacio… aunque no lo creas, escribo sin releer, pocas veces releo y
corrijo, es lo que sale de mi corazón, el espacio es un espacio de desahogo,
donde voy vertiendo mis cosas, las cosas de todos los días que me rondan, me
preocupan, me entusiasman, me alegran… Es lindo compartir de este modo,
uno no se siente tan solo… por eso, nuevamente, mil gracias por tu
comentario!! Y si te gustó el espacio, sabés que es tu lugar, y que siempre
serás bienvenida en este rinconcito del ciberespacio.
Mis saludos!! Que Dios te acompañe!!
Me ha emocionado. Gracias
Un fuerte abrazo
Gracias por tu comentario… releo el artículo que escribí y lloro… lo que dice allí es tan cierto!! salió de mi corazón y se nota… extraño tanto a mi profe, más de lo que hubiera pensado…
Cosas de la vida… sé que está bien ahora…
Mis saludos y nuevamente gracias…