Ayer quería escribir el balance del año, pero bajó tanto la tensión que apagué la máquina. Así que el año empezó casi sin luz, y también casi sin agua, no sé, ahorramos en lamparitas pero prolongamos las horas de calor y el uso de los aires acondicionados… Ni siquiera pudimos prender el árbol de Navidad y dormimos acalorados con poco recursos de refresco.
Pensar en lo que fue el año me conmueve, por primera vez lloré en el brindis, y fue la alegría de dar vuelta la página. Hace unos días alguien preguntaba si lloré ante la materia desaprobada (si, fue el año en que desaprobé una materia). Le dije que hay cosas más importantes por las que llorar, como la muerte, el desarraigo y la impotencia ante las injusticias. También le dije que este año lloré por todas ellas, ¿iba a llorar por una materia?
Fue el año en que encontré mi lugar en el mundo, y pese a ello tuve que volver a un lugar donde siento que no pertenezco, y sobre todo, con gente con la que siento que no tengo nada que ver.
Fue el año en que dos ángeles me conectaron con la vida y a los pocos meses se fueron… tanto me duele el corazón…
Fue el año en que mi hermano casi pierde la vida y que ni bien mi mamá vio que no pasaba a mayores se despreocupó del asunto.
Fue el año en que mi tío cayó con cáncer y mi tía se derrumbó a su lado.
Fue el año en que descubrí la estafa laboral con la impotencia de ver que más que cobrar lo propio nada se puede hacer…
Fue el año en que vi partir amigos por voluntad propia o por vueltas de la vida, en que sentí que nada tenía que ver con ellos y los dejé en libertad…
Pero en medio de la oscuridad siempre hay luz, y como me dijo Marie, no se cierra una puerta sin que se abra, no una ventana, sino una docena de puertas nuevas. Entonces…
Fue el año en que fortalecí mi amistad con Mari, Marie, Marce, Ale y Flor, que estuvieron en los momentos más oscuros con palabras de aliento y cereales en el colectivo. Y con los amigos de siempre a mi lado, Juli te llevo en el corazón!!
Fue el año en que me animé a dejar la titularidad del colegio donde me maltrataban y saltar al vacío en una suplencia de dos semanas que se transformó en el interinato que tantas alegrías me dio este año, sobre todo por la relación con los chicos.
Fue el año en que recibí en mi casa a Miguel y Valentina, y sobre todo a Ethel, en quien descubrí la hermana que siempre quise tener.
Fue el año en que entré a la Junta departamental y crecieron mis vínculos dentro del profesorado.
Fue el año en que aprendí a reclamar lo que me correspondía y a poner en su lugar a las personas más difíciles.
Ahora solo pienso en mi viaje a Bolivia mañana. Sé que me subo al micro y empieza mi año nuevo, que todo lo que deba quedar atrás quedará, lo que deba permanecer se acomodará… que la limpieza en mi corazón será profunda.
Espero que así sea.
