Quiero contarles que tras nuestra visita al delta la semana pasada, quedamos con las ganas de visitar la parte histórica de Tigre, un recorrido de aproximadamente 30 cuadras realizando un circuito en torno a la isla que constituye el casco histórico de esta localidad. Ha sido un nuevo domingo de caminata, de descubrir aquellos aspectos ocultos de una ciudad que recorremos a diario pero que no nos detenemos a mirar. Pero lo más importante fue, nuevamente, la compañía. Todo aquello que se realiza en buena compañía tiene un valor extra que no lo da la hermosura del paisaje o lo interesante del relato.
Recorrimos nuevamente esta localidad con Julián; de hecho, con él había quedado esa cuenta pendiente. Dudamos, el tiempo era amenazante, encapotado, y caían lloviznas aisladas… pero aún así nos largamos a caminar, sin llevar paraguas, confiados en el cobijo de los plátanos y en la benevolencia de las nubes que no descargarían su agua con furia ni de contínuo. En la estación de Tigre nos aprovisionamos de agua caliente para el mate, y entonces, comenzó el recorrido.
La historia colonial de Tigre a través de sus casas
Tigre nació como puerto natural en el encuentro del río de las Conchas, llamado así por el sedimento que arrastraba, y el río Luján; su colonización se remonta a 1580, cuando Garay dividió en chacras las tierras que se extendían sobre la costa entre la naciente ciudad de Buenos Aires y el río de Las Conchas, del que tomó el nombre. A su puerto llegaba el carbón y la madera del delta que se consumía en la ciudad. En el s. XVIII, con motivo del sistema de puerto único impuesto a sus colonias por España, el activo negocio del contrabando generó los primeros caseríos en este lugar. En 1778 se creó la Comandancia de las Conchas. Las reiteradas crecidas de los ríos afectaban tanto esta zona que hubo una mudanza masiva hacia el sur, a lo que se llamó San Fernando. Las Conchas sirvió para el desembarco del ejército reconquistador de Buenos Aires, al mando de Liniers, previsto para llegar a Olivos pero desviado a este sitio por un temporal y por la presencia de tropas inglesas en las cercanías de aquella área.
El arroyo Tigre, un modesto brazo del río de Las Conchas, fue ampliándose en las sucesivas crecientes hasta que se transformó en un ancho canal que hoy conocemos, y el brazo original se redujo paulatinamente. Entonces se trasladó el puerto y fondeadero a este nuevo brazo, donde se encuentra ahora; y en simultáneo se derivó todo el tráfico fluvial al puerto de San Fernando, primer canal artificial construído en el país. En 1865 ambas localidades quedan unidas a Buenos Aires por el tren, y en 1916 se inaugura la línea electrificada. En 1954 toma su actual nombre de Tigre y al río se le cambia el nombre por el de Reconquista.
De este período se conservan casas como la carbonería del Reverendo Rebagliatti y la antigua aduana, residencia del primer juez de paz, con sus aberturas en ochava de madera original. También hay muchas casas de los períodos subsiguientes, con signos de arquitectura italiana, como las galerías de columnas toscanas y las balustradas; también inglesa, chalets típicos de aquellos empleados del ferrocarril de alto rango. Los pórticos de hierro forjado, con sus rosetones y firuletes, maravillan al transeunte. Nos sorprendió además la casa veneciana, una construcción de una exquisitez y buen gusto admirables cuyo estado de conservación es óptimo, da gusto verla! Al contrario, la Iglesia actual, de estilo colonial, ocupa el solar donde se estableció la primitiva capilla, que sufrió varias reconstrucciones, la última de las cuales fue en estilo neogótico a fines del s. XIX. Sin embargo, en 1945 se la despojó de todo ornamento para darle su apariencia original. Nos preguntábamos el por qué de este afan, de este desprecio por las construcciones y lo que representan; tanto quien le dio estilo neogótico como el que lo quitó atentan contra el patrimonio…
Este mal y desprecio se ve en otras casa típicas; algunas han sido declaradas monumento histórico, lo que las ha preservado, pero otras están sufriendo modificaciones y demoliciones. Aún así, las protegidas presentan en muchos casos un deterioro importante. Hay antiguas quintas, como la de Emilio Mitre; sorprende la austeridad, símbolo de la mentalidad de otro tiempo y de la cultura de los hombres que, mal o bien, nos dirigían. Hoy la ostentación signa nuestra vida social y profundiza más las brechas de rencores y marginación.
Lugar de sorpresa fue la Plaza Cazón, recientemente arreglada y sitio del desembarco de Liniers; llama a la reflexión sobre las obras que puede realizar una buena administración política en cualquier juridiscción, con idénticos ingresos que otros más alicaídos. Las glorietas restauradas, las veredas con canteros floridos que bordean la ribera serpenteante, a la cual dan en la margen de enfrente los fondos de las casas con sus sauces cayendo, todo es un marco de belleza. Han construído un reparo al que se accede mediante un puente de madera ya que está rodeado de agua y canteros con típicos camalotes, un verdadero sueño!!! Nos detuvimos allí por la llovizna, y descansamos un rato contemplando este espectáculo.
Reflejos de la Belle Epoque
Proseguimos caminando, pero la llovizna no cesaba, y ante los fondos del antiguo Tigre Club se convirtió en una lluvia torrencial. Apuramos el paso y nos refugiamos en un muelle en la orilla del Río Luján, desde donde contemplamos este magnífico edificio y sus jardines circundantes. Actualmente es sede del Concejo Deliberante y del Centro Cultural de la Municipalidad, y está en restauración; no así sus jardines que han quedado hechos una delicia.
Hacia 1880 la sociedad porteña elige a Tigre como el centro de actividad mundana del verano. Las principales familias construyen allí sus grandes mansiones, algunas de las cuales aún quedan en pie. Tuvo su apogeo a principios del siglo XX, que se prolongó hasta fines de los años 20.
El Tigre Club fue construído en 1900 por en el estilo propio de los grandes hoteles en balnearios europeos de la Belle Epoque, tiene enormes pórticos y arcadas e importante recepción. En su salón de fiestas, de generosas dimensiones, culega una enorme araña de bronce y cristal de casi dos toneladas de peso. Un gran puente terraza, construído con posteridad, cruza la costanera y llega hasta el borde del río, dándo al conjunto un gran dinamismo; sin duda esto lo hace excepcional en su género. Ante la imaginación de las fastuosas fiestas, bailes de disfraz y veladas de gala en él, no pudimos evitar el acercarnos bajo la lluvia para contemplarlo. Desde pequeña soñaba al verlo con las damas con sus fastuosos vestidos, descendiendo de carruajes, y que en las noches de verano salían a pasearse por la terraza para tomar el aire fresco del río a la vista de las islas. Sus galanes, de frac y galera, les acercarían un refresco, y las damas más entradas en años escudriñarían, criticarían o festejarían las escenas galantes que ocurrían en la terraza. El paulatino auge de Mar del Plata marca el principio de la decadencia de Tigre como sitio de vacaciones elegantes.
En este punto armamos nuestro mate, ya que la lluvia no parecía parar y debíamos caminar todavía el medio circuito de regreso, y una infusión caliente nos reconfortaría de sobremanera.
Recorrimos el paseo Victorica, que es la costanera sobre el río Luján, con grandes jardines, restaurantes y confiterías, desiertas por la lluvia torrencial. Había, sin embargo, muchos autos dando “la vuelta del perro” y otros que se detenían para tomar mate a la vista de la costa. En general, desde allí puede contemplarse una intensa actividad náutica que, por motivos climáticos, se reducía pura y exclusivamente a las lanchas de pasajeros que devolvían a puerto a los turistas empapados.
Encontramos el Museo Naval de la Armada Argentina, ya fuera del horario de visita, pero a través del pórtico de rejas observamos un galpón lleno de colecciones de modelos a escala de todo tipo de embarcaciones y ciertas vitrinas que debían contener sin duda armas, instrumentos de navegación y uniformes. En los patios hay aviones y piezas de artillería; el edificio albergó entre 1880 y 1890 los primeros talleres de la Armada. Entramos a un patio interior al que dan viviendas, es de estilo andaluz, con los típicos mosaicos, una delicia!
El circuito deportivo
En las últimas décadas, los deportes náuticos y la actividad de fin de semana imprimieron nuevo movimiento al delta. El desarrollo de los mismos data de la belle epoque y sobrevivió a ella, quedando los edificios de los clubes y su prestigio como testigos vivientes de aquellos tiempos. Sus sedes se encuentran a las márgenes de los ríos Tigre y Luján, y se encuentran la mayoría de ellos agrupados por la nacionalidad de sus fundadores. Atestiguan su presencia los rieles metálicos que cruzan la calle hacia el río y quían los carros que llevan los botes al agua, y las rampas de madera que descienden al agua.
Se destaca primero el Rowing Club Argentino, bello edificio de aire isabelino donde el ladrillo se conbina con la decoración de tirantes de madera sobre paredes blancas. Es el primer club cuyo asentamiento original estuvo en Tigre. Más adelante está el Hispano, y de la márgen de enfrente, el Club de Regatas La Marina, creado en 1876, cuyo edificio respeta el estilo de las más tradicionales instituciones de regatas inglesas, alzándose majestuoso gracias a la panorámica que le da la vegetación. En la esquina, donde el Río Tigre desagua en el Luján, se alza el monumento a los remeros “que tanta gloria dieron al país”.
En la márgen opuesta está la antigua caseta de la Prefectura Naval, hoy arrinconada por una montaña rusa del Parque de la Costa, pero pese a ello custodia aún la entrada a este canal portuario. Los clubes se suceden: el Suizo, el América, el Nahuel… y la lluvia no cesaba! De la mano de enfrente, algo oculto por la arboleda, se descubre la silueta del elegante palacio veneciano sede del Club Canottieri Italiani, sin duda mi preferido. Fue fundado en 1910 por miembros de dicha colectividad luego de la visita del príncipe Vittorio Emmanuel, con motivo del Centenario. El príncipe manifestó su dedeso de que también sus coterráneos residentes aquí tuvieran sus remeros; y de allí salieron los últimos campeones de Helsinki 1952: Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero. El edificio es de 1928, construido con materiales traídos desde Italia, con gran pureza y delicadeza de tratamiento de los detalles de la fachada. Por último, y llegando a la estación naval, encontramos el Buenos Aires Rowing Club, el más antiguo club de remo fundado en la Argentina (1873) aunque su asentamiento en Tigre es posterior. Se destaca la torre de su edificio con sobrio perfil victoriano.
Café caliente, mate y regreso
El último tramo lo hicimos verdaderamente empapados, y ante el viento que comenzó a soplar con furia empezamos a sentir que se nos helaban los huesos, de modo que nos ubicamos en un café para reconfortarnos antes de emprender el regreso. Desde la mesa veíamos un hombre entrado en años, todo un personaje, intentando conquistar una mujer. Pantalón hasta la cintura, remera metida adentro, se levantaba y programaba música; volvía bailando y cantándole a su compañera, que se sonrojaba de la vergüenza… y luego seguía cantándole y bailándole en la mesa… con Julián pensábamos que como “regalo de despedida” y pequeña maldad podríamos programarles “los calientes” de Babasónicos, por eso de “cómanse a besos esta noche total nadie lo va a notar”!!!!
Y como afuera la lluvia y el viento arreciaban cada vez con más violencia, el viaje era aún largo, se hacía tarde y estábamos cansados, recargamos el termo en el bar y volvimos tomando mate en el tren donde, gracias a Dios, habían tenido el tino de apagar el aire acondicionado. Seguimos también en el colectivo, y me valió, ya que me tocó bajar en el peor momento de la tormenta!!! Llegué chorreando agua y sólo una ducha caliente me devolvió el alma al cuerpo helado. Juli se llevó la mejor parte: sólo le tocó un ventarrón!!!
Pese a ello, no me arrepiento, y si bien ahora acuso recibo de la mojadura, valió la pena, porque el ambiente era tranquilo (nadie quería mojarse!), pudimos recorrerlo bien… y como siempre, mi compañía fue lo mejor de la tarde. Juli: sé que te sonroja que te escrache aquí, así que hoy no voy a resaltar más que lo necesario!!! pero en este punto se me hace inevitable decir que tu compañía en los paseos, tus mensajes y las charlas que compartimos son algo que me llena de dicha cada día!!! Gracias por la magia que tu presencia le da a mi vida!!!
Como siempre, cuentan conmigo cuando quieran hacer esta recorrida, creo que con Julián también, ya que debo haberlo convertido ya en un experto en esta área que me gusta tanto con este entusiasmo mío medio avasallante!!!
Hasta el próximo comentario!!!
Para seguir viendo:




Me alegro que te interesen estos paseos históricos, si tenés oportunidad no dudes de hacerlos en el campo, de ir a verlos, sobre todo en estos días veraniegos de sol brillante y atardeceres cálidos. Es maravilloso salir a caminar y empezar a descubrir la historia oculta de los lugares que transitamos todos los días, le da magia y un nuevo sentido a nuestra ciudad, y nos hace sentir integrados a la historia de esas calles que recorremos diariamente. Un gran abrazo, gracias por tu comentario!
Quiero decirte que estoy viendo de a poco tu blog, la verdad le quiero dedicar el tiempo que se merece…. y es que justo hoy (sábado) tengo tiempo libre. Son muy interesantes tus artículos, por lo que vi. Es bueno saber siempre la historia de lo lugares o el origen de los pueblos. Seguí así !!! Voy a seguir leyendo tus artículos.
Un abrazo.
Mi querido Juli: Muchímas gracias por tu comentario, me pone muy feliz que no solo hayas disfrutado del paseo conmigo (sabés que temía que te aburrieras), sino que lo revivas en este espacio; sabés que podés volver aquí cuando quieras y que nuestro paseo y todos los que hagamos estarán aquí, con su lluvia implacable, sus mates y la mochila llena de recuerdos. Sé que tu sinceridad es implacable, y por eso me alegra de sobremanera lo que escribiste. Ante mi inseguridad (ya comentada en este blog y mil veces en nuestras largas charlas) tu apoyo y aliento es vital para mí, pensé que pequé de extensa, y sin embargo vos que estuviste allí conmigo aprobás los detalles de mi relato. Yo también recomiendo recorridas por Tigre ( y por la vida también) con compañías como vos; de hecho le das mucha paz a mis paseos al detenerte y llenarte de aquello que presenciás, sos el contrapeso de mi propia inquietud. Mil gracias por todo, de todo corazón!!!
me pareció muy bueno que volcaras toda la info que tenías de esta parte del paseo, así estás invitando y,lo que es mejor,convenciendo a la gente de que vaya a pasear por el Tigre, lugar que recomiendo y mucho, más todavía con una guía así.
todo lo queme queda por decirte es que para mí, y ya te lo dije anoche, tu presencia le pone la magia que mi existencia tanto necesita; ah, veo que aprovechaste y a la hora de escracharme apuntaste también lo del sonrrojo, no es que me molesta sino que me gusta eso de hacer sentir bien alguien pero no estoy acostumbrado.
seguí así, tus artículos son muy buenos y es bárbaro que vuelques toda la info que conseguís, ya conseguiremos la cámara que vos querés y podrás poner las fotos que a vos te plazca.
ciao