He aquí una nueva entrega de un relato de “turismo urbano”, nuevamente del corredor norte de la ciudad, que da a la costa del río. Esta vez, sin embargo, hemos llegado hasta la zona natural más cercana de nuestra ciudad, que es a su vez la que conserva sus características de naturaleza vírgen. El domingo ha pasado deliciosamente junto a Julián, verdaderamente un gran amigo!!!! Traigo como seña visible del hermoso día que compartimos mi cara arrebatada por tanto sol; no así mis brazos, aunque quedaron bastante picados por los mosquitos!!! La señal no visible es el corazón rebosante de alegría por tan lindos momentos compartidos!!!!
El Tigre es, creo, mi lugar preferido en esta ciudad. Al igual que San Isidro, lo recorro desde pequeña, de modo que lo conozco casi como si fuera mi barrio; pero a diferencia de aquel, Tigre me trasmite mucha paz. Tal vez es el río, las lanchas, el contacto con esa selva virgen tan vigorosa… Es una región rica en historia (esa parte quedó de común acuerdo para recorrer junto con Mariano que es especialista en el asunto) y con bellos paisajes naturales, eso sí puedo describirlo hoy, que fue lo que recorrimos. Favorecida tradicionalmente como sitio de vacaciones de fin de semana, permite disfrutar del contacto pleno con la naturaleza.
Para almorzar: el puerto de frutos
Bajamos del tren y caminamos a orillas del Río Tigre hasta el Río Luján, y llegamos, pasando por el Parque de la Costa, un moderno parque de diversiones, y el Casino, al Puerto de frutos. Aunque el Delta del Paraná ya no es hoy un productor de frutas de importancia, este sitio guarda aún el clima de otra época. Los grandes galpones de los muelles ofrecen una visión singular del mercado acuático único en Buenos Aires. Rodean tres grandes dársenas donde antiguamente ingresaban continuamente los lanchones que llegaban de las islas cargados de frutas y maderas. El lugar se ha transformado paulatinamente en un mercado de artesanías, aunque abundan todavía los puestos de fruta y verdura. Recuerdo que cuando era chica, llegábamos remontando el río con el velero y amarrábamos contra los lanchones, y en una suerte de abordaje, mientras mis padres compraban naranjas y nueces pekan (unas nueces más alargadas pero de sabor semejante a las comunes, de cáscara lisa marrón beteada con negro, típicas del delta), mis hermanos y yo incursionábamos las embarcaciones. Las artesanías más comunes son los muebles de caña y madera, cestería de mimbre y tejido en sisal, todos productos naturales del Delta. La calle termina contra la orilla del río Luján, sitio ideal para tener una excelente panorámica del río y las islas. En este punto almorzamos con Julián, y luego recorrimos los puestos y compramos unas frutas para continuar el paseo: había surgido la idea de dar una vuelta en lancha, y entonces ¿por qué no tomar una lancha colectivo e ir a la isla a tomar mate en vez de dar un simple paseo?
Embarcados por el Tigre
Desandamos pues el camino por el río Tigre hasta la estación fluvial, que está en el centro de Tigre, y nos embarcamos en una lancha colectiva de pasajeros de la empresa Interisleña. Son lanchas centenarias, de madera, alargadas, en las cuales uno ingresa y ya empieza a formar parte del paisaje: estirando la mano por la ventanilla puede tocarse el agua. Al subir se anuncia al lanchero el destino, que lo gritará antes de llegar al destino indicado. Los bártulos van al techo, al igual que los perros; cuando uno de ellos va en el techo, ante cada muelle se ven las corridas de los canes que desde la orilla ladran al viajante.
El delta es una formación de origen aluvional producida por la acumulación de sedimentos (alrededor de 90 millones de toneladas al año) arrastrados por los ríos Uruguay y Paraná, especialmente este último por su afluente Bermejo, que nace en los Andes Bolivianos, desde donde se produce el arrastre. Al entrar en contacto con las aguas del estuario del Plata dismunuye la velocidad de arrastre de los ríos y se va decantando el sedimento sobre el fondo fluvial. El depósito de sedimento avanza 50 cm. por año sobre el río de la Plata. La lenta aparición de islas comienza con la aparición de juncales que crece en aguas barrosas y poco profundas. El rápido crecimiento de sus tallos fomenta la sedimentación pues filtra y disminuye la velocidad de escurrimiento del agua. El junco actúa como una especie de purificadora de agua al absorber las sustancias contaminantes.Al acumularse más material se forma el borde que definirá el perímetro de la futura isla, y queda en el centro una laguna que lentamente se irá drenando, incorporándose otras especies vegetales. Se va desarrollando así la selva misionera, que tiene aquí su último baluarte.
La importancia turística del delta ya fue destacada por Sarmiento quien en 1855 escribió sobre la belleza de las islas en el periódico y llegó a tener una casa, que hoy es museo, a donde nos encaminamos con Julián. Hacia fines del s. XIX eran numerosas las familias adineradas de Buenos Aires que tenían aquí su casa de verano. Las islas y riachos ofrecen hoy un paisaje melancólico, donde se mezcla la discreta elegancia de sus antiguas casas y la vegetación misma, que agrega real encanto. La primavera cubre al delta de flores, destacándose las hortensias que decoran bellamente las orillas de los canales. La vegetación adquiere madurez y densidad en los meses de verano, pero es en otoño cuand oel cambiante colorido de los árboles da al paisaje mayor riqueza. La típica casa de la isla, debido a lo inundable del terreno, se construye elevada sobre pilotes. La madera es el material más adecuado para la construcción, y la chapa acanalada se impuso como cubierta de los techo y las galerías perimetrales o al frente, con su profundo alero, completaron esta característica tipología arquitectónica, que es una respuesta coherente a un medio ambiente muchas veces poco amistoso por la furia de sus crecientes, el acoso de los temporales, la humedad y los insectos.
Recorriendo la isla del Museo Sarmiento
La lancha navegaba por el Río Sarmiento, con márgenes protegidas con tablas y con gran presencia de viviendas, clubes y recreos que son sitios donde se puede pasar el día con todas las comodidades; algunos también ofrecen posibilidades de estadía durante la noche: campings u hosterías. Comenzó entonces a detenerse, demostrando la pericia de conductores y asistentes para arribar a los muelles para recoger y dejar a los pasajeros, hasta que nos tocó a nosotros descender en el Museo Sarmiento. La casa se encuentra ahora cubierta por un cerramiento de vidrio para preservarla del ambiente; fue la casa de vacaciones de Domingo F. Sarmiento, quien la construyó en 1855 y pasó allí largas temporadas.
En sus pequeños ambientes se conservan muebles y enseres personales del prócer; existen también documentos que atestiguan el impulso que dio a las actividades de la zona: cultivo de mimbre, naranja, nuez pekán, madera. Caminamos por los senderos de la isla, siguiendo la estrecha vereda a orillas de un riacho, y observando las casas de fin de semana que se esconden entre la maleza. Cruzamos puentes de madera tambaleante; a lo lejos se oía como un eco el motor de las lanchas de pasajeros. Los mosquitos nos seguían como una nube!!! El sendero nos llevó al otro lado de la isla, al arroyo Espera, y fue entonces cuando desandamos el camino y nos sentamos a orillas del Sarmiento a tomar mates en los jardines del museo.
Desde la orilla veíamos pasar los catamaranes desde la costa de la isla… hermosos barcos con servicio de bar, terrazas cubiertas y asientos cómodos para vista panorámica durante la navegación… tan alejados del paisaje!!! Es solo mirar sin detenerse en ningún lado. También botes de remos, deporte que ha hecho destacar al delta internacionalmente, con varias medallas olímpicas. Un hombre encargado del museo, con una sorna ácida y pesada nos permitió quedarnos pese a que ya no era horario de visita, pero en cuanto entró más gente, nos cabeceó y nos echó. Igual seguimos mateando en el muelle, observando las lanchas que pasaban vacías hacia el interior y retornaban llenas hacia Tigre. Cuando una lancha sube a sus 75 pasajeros sentados, ya no se detiene a menos que alguno descienda. Una tras otra seguían de largo en su proceso de “desalojar” las islas de sus visitantes de fin de semana, y mientras tanto seguimos disfrutando hasta que una de las lanchas que remontaba el río vacía cargó la gente de nuestro muelle. Ahí comenzó el retorno.
Una vez en puerto, y como la estación de trenes era una locura, nos sentamos a tomar mate a orillas del Río Tigre, comentando el paseo del día. Julián se había subido con temor a la lancha, pero quedó contento de los lugares que descubrió, pese a que cuando las olas meneaban un poco la embarcación se ponía serio… a mi me causa gracia, serán los años que llevo en el río, y que conozco lo que es una verdadera sacudida que mete miedo!!!! Y si, para el Tigre histórico, que se hace por tierra, mejor contar con la presencia de un especialista como Mariano; para disfrutar del paisaje basta con contar con un buen día y las ganas de embarcarse! Así que si les ha entusiasmado esta descripción (pese a que las palabras no reflejan ni mínimamente lo magnífico del lugar ni de la compañía con la cual conté hoy, así que Juli te escracho acá para agradecerte la magia de tu presencia!!!), no duden en pegarse una vuelta por el Tigre y por esta bella primera sección del Delta! Mi última recomentación es que traten de que no los enganchen con el paseo en catamarán que le venden a todos los turistas… y si no me avisan que con gusto iré a mi lugar preferido como guía de turismo!!!
Espero que lo hayan disfrutado! Hasta el próximo paseo!!!
Para seguir viendo:
Municipalidad de Tigre
Vuelta al Tigre histórico y deportivo



