
Año nuevo, vida nueva. Sin dudas, éste lo será. De hecho, arranca y me encuentra viviendo sola y en casa propia; si eso no es vida nueva…
Pero vida nueva es cambiar hábitos, y después de una Navidad olvidable, a la espera de volver al Suyai (el campamento escolar de la escuela, una experiencia indescriptible, de esas cosas que para comprender hay que vivirlas), se me ocurrió que sería interesante pasar el Año Nuevo en otro lado.
Si bien la opción de quedarme en casa (mi casa) y ver los fuegos artificiales desde el balcón (mi balcón) sonaba interesante, parecía mejor ir a festejar el año nuevo a otro lado y así también tomarme unos días de descanso.
Frustrado el primer plan de revivir el viaje por el Noroeste, a modo de revancha para mí, surgió otro viaje tan o más tentador: cruzar el charco y aterrizar en Uruguay, una tierra tan próxima en el mapa como en la cultura, que no conocía más que en un ida y vuelta de un día pero que siempre me había despertado curiosidad.
Y allá nos fuimos, a descubrir sus playas, con la conservadora de alimentos en el asiento de atrás, al son de las murgas en el mp3 que invadían el auto. La experiencia fue genial, mucho para conocer, mucho para ver, mucho para disfrutar. He aquí algunas notas, cada enlace lleva a un relato más detallado.
30.12.2011 - Día 1: A través del Uruguay profundo. Tras el cruce del puente internacional y un picnic pequeño en Fray Bentos, la ruta nos llevó una y otra vez a meternos dentro de los pueblos del interior rural uruguayo. Un viaje de pocas horas se transformó en una travesía del doble de lo esperado, pero sumamente enriquecedora. Después de todo, si uno está de vacaciones, hay tiempo para disfrutar hasta los más mínimos detalles.
31.12.2011 - Día 2: Año nuevo en Colonia. Sueño cumplido, tuve mi día de playa en Colonia, con mates, caminata y juntada de caracoles para mi mesa nueva. Pude meterme sin prisa entre sus callejuelas, sin la prisa que te pone el hecho de que el barco se va, y disfrutar de cada ventana, farol y esquina. Tomamos mate saludando al Sol que desaparecía en el horizonte de agua. Se terminaba el último día del año. El festejo final fue en la rambla, comiendo lo que nos quedaba en la conservadora mientras la bahía estallaba en fuegos artificiales y reflejos de bienvenida al nuevo año.
01.01.2012 - Día 3: Montevideo antiguo. Finalmente, llegamos a Montevideo, otro sueño pendiente. Recorrimos el puerto y la rambla interminable, qué linda vista al río y qué bien aprovechada!! El mismo río que nosotros, y lo han convertido en un espacio democrático de esparcimiento colectivo. Por la tarde, ya a pie, recorrimos la antigua ciudadela, un tanto derruída; a la vez, desierta por tratarse de día de fiesta.
02.01.2012 - Día 4: Tiempo de playa. Y nos fuimos p’al este, buscando un lugarcito en los balnearios. Primer parada: Piriápolis, una ciudad pequeña con unas playas espectaculares, de aguas calmas ya saladas. Mirando las fotos, uno no sabe si es Brasil o Uruguay. Como si algo le faltara, tiene un cerrito desde el que se tiene una panorámica increíble. Segunda parada, Punta del Este. Objetivamente, una linda ciudad; subjetivamente, un caos. No pudimos estacionar, ni bajar del auto, ni caminar. Terminamos comiendo un melón entre los roqueríos de una playa y saliendo entre embotellamientos de nuevo hacia Piriápolis, donde la puesta de sol que acompañó nuestros mates fue espectacular.
03.01.2012 - Día 5: A pie por Montevideo. Caminamos nuevamente por la Capital, esta vez hacia el Estadio Centenario y el parque Batlle que lo rodea; y por la tarde, recorrimos la rambla y el parque Rodó. En la rambla, hubo mates, puesta de sol y la torta frita más rica de la historia. Cuando la tarde cayó, nos despedimos de Montevideo con un exquisito chivito.
04.01.2012 - Día 6: Retorno. Nos tocó volver, siempre toca. Pero disfrutamos el camino tanto como a la ida, con un nuevo picnic en Fray Bentos y una nueva panorámica de los campos ondulados del Uruguay.


Peter Fechter, un obrero de la construcción de 18 años, intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y, tras observar a los guardias de la “frontera” alejándose, saltar por una ventana hacia el llamado “corredor de la muerte”, atravesarlo corriendo y saltar por el muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.







