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Notas de un año nuevo en Uruguay

Año nuevo, vida nueva. Sin dudas, éste lo será. De hecho, arranca y me encuentra viviendo sola y en casa propia; si eso no es vida nueva…

Pero vida nueva es cambiar hábitos, y después de una Navidad olvidable, a la espera de volver al Suyai (el campamento escolar de la escuela, una experiencia indescriptible, de esas cosas que para comprender hay que vivirlas), se me ocurrió que sería interesante pasar el Año Nuevo en otro lado.

Si bien la opción de quedarme en casa (mi casa) y ver los fuegos artificiales desde el balcón (mi balcón) sonaba interesante, parecía mejor ir a festejar el año nuevo a otro lado y así también tomarme unos días de descanso.

Frustrado el primer plan de revivir el viaje por el Noroeste, a modo de revancha para mí, surgió otro viaje tan o más tentador: cruzar el charco y aterrizar en Uruguay, una tierra tan próxima en el mapa como en la cultura, que no conocía más que en un ida y vuelta de un día pero que siempre me había despertado curiosidad.

Y allá nos fuimos, a descubrir sus playas, con la conservadora de alimentos en el asiento de atrás, al son de las murgas en el mp3 que invadían el auto. La experiencia fue genial, mucho para conocer, mucho para ver, mucho para disfrutar. He aquí algunas notas, cada enlace lleva a un relato más detallado.

30.12.2011 - Día 1: A través del Uruguay profundo. Tras el cruce del puente internacional y un picnic pequeño en Fray Bentos, la ruta nos llevó una y otra vez a meternos dentro de los pueblos del interior rural uruguayo. Un viaje de pocas horas se transformó en una travesía del doble de lo esperado, pero sumamente enriquecedora. Después de todo, si uno está de vacaciones, hay tiempo para disfrutar hasta los más mínimos detalles.

31.12.2011 - Día 2: Año nuevo en Colonia. Sueño cumplido, tuve mi día de playa en Colonia, con mates, caminata y juntada de caracoles para mi mesa nueva. Pude meterme sin prisa entre sus callejuelas, sin la prisa que te pone el hecho de que el barco se va, y disfrutar de cada ventana, farol y esquina. Tomamos mate saludando al Sol que desaparecía en el horizonte de agua. Se terminaba el último día del año. El festejo final fue en la rambla, comiendo lo que nos quedaba en la conservadora mientras la bahía estallaba en fuegos artificiales y reflejos de bienvenida al nuevo año.

01.01.2012 - Día 3: Montevideo antiguo. Finalmente, llegamos a Montevideo, otro sueño pendiente. Recorrimos el puerto y la rambla interminable, qué linda vista al río y qué bien aprovechada!! El mismo río que nosotros, y lo han convertido en un espacio democrático de esparcimiento colectivo. Por la tarde, ya a pie, recorrimos la antigua ciudadela, un tanto derruída; a la vez, desierta por tratarse de día de fiesta.

02.01.2012 - Día 4: Tiempo de playa. Y nos fuimos p’al este, buscando un lugarcito en los balnearios. Primer parada: Piriápolis, una ciudad pequeña con unas playas espectaculares, de aguas calmas ya saladas. Mirando las fotos, uno no sabe si es Brasil o Uruguay. Como si algo le faltara, tiene un cerrito desde el que se tiene una panorámica increíble. Segunda parada, Punta del Este. Objetivamente, una linda ciudad; subjetivamente, un caos. No pudimos estacionar, ni bajar del auto, ni caminar. Terminamos comiendo un melón entre los roqueríos de una playa y saliendo entre embotellamientos de nuevo hacia Piriápolis, donde la puesta de sol que acompañó nuestros mates fue espectacular.

03.01.2012 - Día 5: A pie por Montevideo. Caminamos nuevamente por la Capital, esta vez hacia el Estadio Centenario y el parque Batlle que lo rodea; y por la tarde, recorrimos la rambla y el parque Rodó. En la rambla, hubo mates, puesta de sol y la torta frita más rica de la historia. Cuando la tarde cayó, nos despedimos de Montevideo con un exquisito chivito.

04.01.2012 - Día 6: Retorno. Nos tocó volver, siempre toca. Pero disfrutamos el camino tanto como a la ida, con un nuevo picnic en Fray Bentos y una nueva panorámica de los campos ondulados del Uruguay.

Toda la felicidad del mundo

Leonid Afremov

El manifiesto de este año viene en francés, y viene musical. Más que un manifiesto, es un deseo universal. Una canción que me gustó mucho y que me arrancó las lágrimas la primera vez que la escuché, cuando me di cuenta todo lo que decía. Siempre me fascina el estribillo, es casi una bendición…

La canción es el deseo de un padre hacia sus hijos, pero, ¿por qué no? el deseo de una persona para todos quienes lo rodean. Después de todo, vivir como un niño, con los ojos abiertos al asombro, disfrutando de las simples cosas, es algo que todos podemos hacer.

Les deseo, de corazón, para este año 2012 que se inicia, TODA LA FELICIDAD DEL MUNDO!!!

TOUT LE BONHEUR DU MONDE – Sinsemilia

TODA LA FELICIDAD DEL MUNDO – Sinsemilia

On vous souhaite tout le bonheur du monde

Les deseamos toda la felicidad del mundo

et que quelqu’un vous tende la main

y que alguien les tienda la mano

que votre chemin évite les bombes

que vuestro camino evite las bombas

qu’il mène vers de calmes jardins.

que transcurra a través de jardines calmos.

On vous souhaite tout le bonheur du monde

Les deseamos toda la felicidad del mundo

pour aujourd’hui comme pour demain

para hoy como para mañana

que votre soleil éclaircisse l’ombre

que vuestro sol aclare las sombras

qu’il brille d’amour au quotidien.

que brille de amor a diario.

Puisque l’avenir vous appartient

Porque el porvenir les pertenece

puisqu’on n’contrôle pas votre destin

porque nadie controla vuestro destino

que votre envol est pour demain

porque vuestro vuelo es para mañana

comme tout c’qu’on a à vous offrir

como todo lo que uno les ofrece

ne saurait toujours vous suffire

no sabemos si será suficiente

dans cette liberté à venir

en esa libertad que vendrá

puisqu’on sera pas toujours là

porque no estaremos siempre allí

comme on le fut aux premiers pas.

como estuvimos en los primeros pasos.

Toute une vie s’offre devant vous

toda una vida se ofrece delante de ustedes

tant de rêves à vivre jusqu’au bout

tantos sueños para vivir hasta el fondo

sûrement plein de joie au rendez-vous

seguramente lleno de alegría y de encuentros

libres de faire vos propres choix

libres de hacer sus propias elecciones

de choisir quelle sera votre voie

de elegir cuál será su camino

et où celle-ci vous emmènera

y dónde él los llevará.

J’espère juste que vous prendrez le temps

Espero solo que tomen el tiempo

de profiter de chaque instant.

de aprovechar cada instante.

Je suis pas quel monde on vous laissera

No sé que mundo les dejaremos

on fait d’notre mieux, seulement parfois,

hacemos nuestro mejor, solamente por momentos

j’ose espérer que c’la suffira

espero que será suficiente

pas à sauver votre insouciance

no para salvar vuestra despreocupación

mais à apaiser notre conscience

sino para apaciguar nuestra conciencia.

Aurais-je le droit de vous faire confiance.

Tendré el derecho de confiar en ustedes

Para ver y escuchar: Click acá!! Tout le bonheur du monde

El burgués gentilhombre

El otro día fui a ver una de esas obras de teatro inolvidables. Una puesta en escena con todos los encantos de una obra de época con las posibilidades que brinda la tecnología actual. Una obra cómica de por sí, con todos los giros y guiños para adaptarla a la realidad y hacerla aún más graciosa.

Una de las virtudes de Molière ha sido la de escribir obras con temáticas universales que siguen teniendo actualidad. Ya me pasó con “Las mujeres sabias” hace unos años.

Hay quienes afirman que para delinear a su inmortal Monsieur Jourdan, Molière se inspiró en un tal Gandorin, sombrerero que vivía en París y que había enloquecido a causa de sus delirios de grandeza. Parece que el hombre, un comerciante adinerado, terminó malvendiendo su negocio y empobreciendo a su familia con el único fin de conseguir un título de nobleza. Otras fuentes, aunque de manera un tanto imprudente, arriesgan que era nada menos que Colbert, el poderoso ministro del Rey Sol, quien se escondía detrás del personaje. Suponen que su origen humilde lo avergonzaba de tal modo que, a pesar de ser el gran reformador del estado francés, no hallaba consuelo a su condición plebeya y por ello fantaseaba con antepasados aristocráticos inexistentes.

De cualquier manera poco importa, pues Jourdain representaa un tipo humano que ha seguido reencarnándose hasta nuestros días: el que prefiere aparentar antes que ser. Ese que, dominado por la pasión de ascender socialmente a cualquier costo, resigna todas las demás pasiones y es capaz de caer en las formas más ridículas de la impostura. Y hasta de provocar el pesar de sus afectos más cercanos y verdaderos. El tema, como se ve, es de todas las épocas y no es, por cierto, ajeno a la nuestra.

Lo cierto es que cuando me entregaron la netbook para trabajar en el colegio, uno de los libros que venían cargados para trabajar era precisamente esta obra de teatro, algo que celebro porque me parece un texto que puede hacer reflexionar y divertir a la vez, estimulando el gusto por el teatro y la lectura.

Dicen que Enrique Pinti había dicho que quería trabajar en el San Martín, que cuando le preguntaron qué autor haría dijo Molière y que entonces lo pusieron como Monsieur Jourdain. Nunca elección más acertada, porque por sus características, este actor se luce enormemente en el papel de ese “Jorgito” de barrio que quiere ser “Monsieur Jourdain” a toda costa. El hombre simple que hace el grotesco (y deja asi en evidencia su simpleza) intentando tomar modos de pensar, actuar y vestir de la nobleza encuentran en Pinti un excelente cuerpo, cara y voz que despiertan la carcajada. De los otros actores me sorprendió Nicolasa y la esposa de Jourdain.

Pero lo que más me impresionó fue la escenografía, mejor dicho, la ausencia de ella y su reemplazo por la tecnología puesta al servicio del teatro. Me explico. La obra transcurría en un escenario enteramente azul, lo único que había de decorado eran tres enormes cuadros con un marco rococó colocados al fondo. Desde mi butaca en las alturas, podía ver que de un extraño palo puesto en medio del frente del escenario, partían hacia el fondo, de manera radial, cuatro líneas blancas que delimitaban tres sectores definidos.

En un momento, los maestros de danza y música empiezan a preguntarse qué era ese palo, y empiezan a meterle la nariz. Automáticamente, sus narices en primer plano aparecieron en los cuadros gigantes del fondo. A partir de allí, toda la escenografía estaba construída reemplazando el fondo azul. Esto incluyó varias escenas estilo Matrix (ping pong o la pelea de entrenamiento entre Neo y Morpheus en versión Molière), así como la recreación de casas, jardines, interiores y demás. Todo trabajado con paneles azules y asistentes vestidos de azul, de manera tal que si la puerta estaba al medio del salón, un asistente acompañaba al actor tapándolo con el panel azul para que entrara correctamente por la puerta.

Lo interesante es que uno a veces miraba a los actores, y otras veces miraba la pantalla, o pegaba pantallazos a ambos de manera que construía en su mente el escenario a la perfección.

Sinceramente, celebro que el teatro público, accesible a todo el mundo, tenga obras puestas con tamaña creatividad y calidad.

Adiós al muro

La caída del Muro de Berlín fue un símbolo de nuestro tiempo. Parece mentira pero quedó allá lejos, hace 22 años. Recuerdo haber visto por televisión a los alemanes golpeando el muro, despedazándolo, y preguntarle a mi mamá qué era eso que estaba pasando. Entonces fui enterándome de las familias alemanas que habían quedado separadas, de las historias de los cruces…

Años después, al explicar el tema, les pasé la canción “Libre” de Nino Bravo a los chicos. Al principio se rieron, la asocian a una publicidad, la escucharon por la radio alguna vez, les parece aparatosa… Pero cuando la terminaron de oir, se quedaron duros… mudos, asombrados.

La canción “Libre”, de Nino Bravo, habla del primer alemán que murió intentando atravesar el muro de Berlín.

Peter Fechter, un obrero de la construcción de 18 años, intentó huir junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del muro, y, tras observar a los guardias de la “frontera” alejándose, saltar por una ventana hacia el llamado “corredor de la muerte”, atravesarlo corriendo y saltar por el muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.

Hasta llegar al muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba, a punto ya de pasar al otro lado, los soldados les dieron el alto, y a continuación dispararon. Helmut tuvo suerte, Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás, y quedó tendido en el suelo en la “tierra de nadie”, durante cincuenta angustiosos minutos, moribundo, desangrándose, a la vista de todos, y sin que nadie hiciera nada.

Gritó pidiendo auxilio, pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, y lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín, que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse, y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora, los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía, gritando a los soldados de ambos lados para que le ayudasen. Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen, como había pasado en otras ocasiones anteriores; aunque ninguna en una circunstancia tan perentoria como esta y a las dos del mediodía, con tantos testigos presentes, incluyendo periodistas en el lado occidental.

Los soldados del lado oriental, zona a la que pertenecía en realidad la “tierra de nadie”, tampoco le ayudaron, y no se acercaron hasta pasados 50 minutos, seguramente para que sirviera de ejemplo para cualquier otro que pensase huir. Aún así, entre 1961 y 1989 murieron más de 260 personas, sólo intentando cruzar el Muro; además de los que murieron al querer cruzar la frontera entre las dos Alemanias, y ya no hablemos de los que estuvieron en la cárcel por intentarlo, o por ayudar a otros.

Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente “¡asesinos, asesinos!”. En el lado occidental, se sucedieron las protestas y las manifestaciones los días siguientes, y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron claramente lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este el intentar escapar. Asimismo, también se dieron cuenta, decepcionados, de que los soldados americanos, en pleno auge de la Guerra Fría, no harían nada para ayudarles en circunstancias similares. Fue un duro golpe para la esperanza de los berlineses.

La canción, escrita diez años después de los hechos, recoge una historia y unas fotos que dieron la vuelta al mundo, y que todavía hoy son símbolo de la crueldad humana. En el lugar donde murió Peter Fechter, se levantó en 1990 un monumento. Ya en 1997, dos antiguos soldados de la RDA fueron juzgados, y admitieron haber disparado contra Peter Fechter. Se les declaró culpables, y fueron condenados a un año de cárcel. En el juicio el forense declaró que toda ayuda hubiera sido inútil, ya que la gravedad de las heridas le hubiera causado la muerte en cualquier caso. Pero es algo que nunca sabremos, ¿verdad?

La canción es símbolo de todo el pueblo alemán que soñó con huir, ya que si Peter fue la primera víctima del muro, el último, Chris Gueffroy, en 1989, tenía, precisamente, veinte años…

Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar;
pero tras la frontera está su hogar, su mundo y su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es un trozo de metal
algo que nunca puede detener sus ansias de volar.

Libre, como el sol cuando amanece yo soy libre, como el mar.
Libre, como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar.
Libre, como el viento que recoge mi lamento y mi pesar,
camino sin cesar, detrás de la verdad, y sabré lo que es al fin la libertad.

Con su amor por bandera se marchó cantando una canción;
marchaba tan feliz que no escuchó la voz que le llamó.
y tendido en el suelo se quedó, sonriendo y sin hablar,
sobre su pecho flores carmesí brotaban sin cesar.

Ajedrez

En su grave rincón, los jugadores 
rigen las lentas piezas. El tablero 
los demora hasta el alba en su severo 
ámbito en que se odian dos colores. 

Adentro irradian mágicos rigores 
las formas: torre homérica, ligero 
caballo, armada reina, rey postrero, 
oblicuo alfil y peones agresores. 

Cuando los jugadores se hayan ido, 
cuando el tiempo los haya consumido, 
ciertamente no habrá cesado el rito. 

En el Oriente se encendió esta guerra 
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. 
Como el otro, este juego es infinito. 

II 

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada 
reina, torre directa y peón ladino 
sobre lo negro y blanco del camino 
buscan y libran su batalla armada. 

No saben que la mano señalada 
del jugador gobierna su destino, 
no saben que un rigor adamantino 
sujeta su albedrío y su jornada. 

También el jugador es prisionero 
(la sentencia es de Omar) de otro tablero 
de negras noches y blancos días. 

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Jorge Luis Borges

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Un ramo genial

Día de la madre. No me gustan los días especiales, pueden generar tristezas, broncas, dolores en mucha gente. Personalmente, a mi me duele por diversos motivos. Sin embargo, hay que reconocer que las madres hicieron mucho por nosotros, y que hay un vínculo especial con ellas. Por eso, cuando en un momento de relax me leí esta lectura, pensé en compartirla. Viene de un libro muy especial, “Le Petit Nicolas” (el pequeño Nicolás). Son una serie de relatos cortos contados desde la óptica de un chico, hecho que a los grandes nos provoca una sonrisa ante ciertas expresiones, cuando no una carcajada. Particularmente me pasa al leerlos que me digo “hace cuánto tiempo que no tenía ese tipo de pensamientos, me había olvidado.” Mis disculpas por las fallas que puede tener la traducción casera.

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Es el cumpleaños de mi mamá, y decidí comprarle un regalo como hago todos los años desde el año pasado, porque antes era demasiado chico. Agarré las monedas que había en mi alcancía; felizmente había bastantes porque por suerte mamá justo me dio plata ayer. Ya sabía el regalo que le iba a hacer a mamá: flores para poner en el gran florero azul del comedor, un ramo gigante como nunca se ha visto.

En la escuela estaba singularmente impaciente esperando que la clase terminara para poder ir a comprar mi regalo. Para no perder mis ahorros, tenía la mano en el bolsillo todo el tiempo, incluso para jugar al futbol en el recreo, porque como no juego de arquero no importa donde tengo las manos. El arquero es Alceste, un compañero que es muy gordo y al que le gusta mucho comer. “¿Qué es eso de que vas a correr con una sola mano?” me dijo. Cuando le expliqué que era porque iba a comprar flores para mi mamá, me dijo que él hubiera preferido cualquier otra cosa para comer, una torta, bombones o un budín blanco, pero como el regalo no era para él, no le presté atención y lo hice callar. Ganamos 44 a 32.

Cuando salimos de la escuela, Alceste me acompañó a la florería comiendo la mitad del pan de chocolate que le quedaba de la clase de gramática. Entramos al negocio y yo puse todos mis ahorros sobre el mostrador y le dije a la señora que quería un ramo bien grande de flores para mi mamá, pero no de begonias porque hay a montones en nuestro jardín y no vale la pena ir a comprarlas a otro lado. “Quisiéramos algo lindo” dijo Alceste, que fue a meter la nariz en las flores que estaban en la vidriera para ver si olían bien. La señora contó mis monedas y me dijo que no podría darme muchas muchas flores. Como me puse triste, la dama me miró, reflexionó un poco, me dijo que era un muchachito guapo, me dio unas palmaditas en la cabeza y después me dijo que ella iba a arreglar el asunto. Tomó flores a derecha e izquierda, y después puso montones de hojas verdes y eso, eso le gustó a Alceste, porque él decía que esas hojas se parecían a las verduras que se meten en el puchero. El ramo estaba super, era gigante, y la señora lo envolvió con un papel transparente que hacía ruido y me dijo que pusiera atención al llevarlo. Como yo ya tenía mi ramo y Alceste había terminado de oler las flores, le agradecí a la señora y nos fuimos.

Estaba muy contento con mi ramo cuando nos encontramos con Geoffroy, Clotaire y Rufus, tres compañeros de la escuela. “Miren a Nicolás -dijo Geoffroy- si no parece un tonto con sus flores.” “Tienes suerte de que tenga el ramo, -le dije- si no recibirías un golpe!” “Dame las flores, -dijo Alceste- puedo sostenerlas mientras golpeas a Geoffroy”. Entonces le dí el ramo a Alceste y Geoffroy me dio un golpe. Nos peleamos hasta que le dije que se me hacía tarde. Pero debo haber tardado un poco en irme porque Clotaire dijo: “Miren a Alceste, ahora es él el que parece un tonto con las flores!” Era cierto! Y Alceste le dio montones de golpes con mi ramo y las flores volaron por todos lados porque el papel se desgarró. Clotaire gritaba: “eso no me hace nada, eso no me hace nada!!!”

Cuando Alceste paró, Clotaire tenía la cabeza llena de las hojas verdes del ramo y era verdad que se parecía graciosamente a un puchero. Comencé a recoger mis flores y les dije a mis compañeros que eran malos. “Es verdad, -dijo Rufus- no es gracioso lo que le hiciste a las flores de Nicolás.” “A ti nadie te tocó!” contestó Geoffroy y empezaron a pelearse. Alceste se fue por su lado porque la cabeza de Clotaire le había dado hambre y no quería demorarse para la cena.

Yo me fui con mis flores. Faltaban, ya no habían más verduras ni papel, pero todavía era un lindo ramo, y después, un poco más lejos, me encontré con Eudes.

“¿Vamos a jugar a la bolita?” me preguntó. “No puedo, tengo que volver a casa para darle estas flores a mi mamá”. Pero Eudes me dijo que todavía era temprano. Como me gusta mucho jugar a la bolita, juego muy bien, le apunto y bing! casi siempre gano, dejé el ramo en la vereda y me puse a jugar a la bolita con Eudes, y es genial jugar a la bolita con Eudes porque pierde seguido. Lo aburrido es que cuando pierde se enoja, así que me dijo tramposo, entonces le dije que era un mentiroso, entonces me empujó y me caí sentado sobre el ramo, y eso no le hizo nada bien a las flores. “Le voy a decir a mi mamá lo que le hiciste a sus flores!” le dije a Eudes, que quedó muy avergonzado. Entonces me ayudó a elegir las flores que estaban menos rotas. La verdad que Eudes es un buen compañero.

Volví al camino; mi ramo ya no era enorme, pero con las flores que quedaban iba a andar. Una flor estaba un poco rota, pero las otras dos estaban perfectas. Y entonces vi que llegaba Joachim en su bicicleta. Joachim es un compañero de la escuela que tiene una bicicleta.

Entonces, ahí decidí no pelearme, porque si seguía agarrándome a piñas con todos los compañeros que encontrara en la calle, pronto no me quedarían más flores para llevarle a mi mamá. Además, después de todo, eso no les importa a mis compañeros, si yo quiero regalarle flores a mi mamá, es mi derecho, y yo creo que están celosos simplemente porque mi mamá va a estar muy contenta y me va a dar un gran postre, y va a decir que soy muy gentil, además, ¿por qué tienen todos que hacerme rabiar?

“¡Hola Nicolás!” me dijo Joachim. “¿Qué tiene mi ramo? –le grité a Joachim- Más tonto serás tu!!” Joachim detuvo su bicicleta, me miró con los ojos bien abiertos y me preguntó: “¿Qué ramo?” “¡Este!” le contesté, y le tiré las flores encima. Creo que Joachim no se esperaba que le cayeran las flores encima; en todo caso, eso no le gustó nada. Tiró las flores a la calle, que cayeron sobre el techo de un auto que pasaba, así que se fueron con el auto. “Mis flores! –grité- Las flores de mi mamá!” “No te preocupes –me dijo Joachim- agarro la bicicleta y alcanzo el auto”. Es bueno Joachim, pero no pedalea demasiado rápido, sobre todo cuando la calle va en subida, recién se está empezando a entrenar para el Tour de Francia que correrá cuando sea grande. Joachim volvió diciéndome que no había podido alcanzar el auto, que lo había perdido a la vuelta de una esquina. Pero el me traía una flor que se había caído del techo del auto. Mala suerte: era la que estaba rota.

Joachim se fue rápido calle abajo para llegar a su casa y yo volví a la mía con mi flor toda arrugada. Tenía como un nudo enorme en la garganta, como cuando llevo el boletín de la escuela a casa con todos los ceros adentro.

Abrí la puerta y le dije a mamá: “Feliz cumpleaños mamá”, y me puse a llorar. Mamá miró la flor, parecía estar un poco asombrada, y después me tomó en sus brazos, me besó un montón de veces y me dijo que no había recibido nunca un ramo así de lindo, y puso la flor en el gran florero azul del comedor.

Ustedes podrán decir lo que quieran, pero mi mamá es simplemente genial!

“Le chouette bouquet” En: Le Petit Nicolas, de Sempé et Goscinny.

La responsabilidad de la ciudadanía

Me sorprendió este texto y quise compartirlo en este tiempo electoral. Hace un tiempo expuse las teorías económicas de la política que nos permiten pensar de qué manera estamos operando a la hora de votar y por qué, en muchos casos, lo hacemos de modo tan desganado. Creo que este texto, mucho más breve, nos permite pensar el verdadero valor del voto, las verdaderas razones para votar a conciencia y el tipo de elección que debemos procurar hacer. De hecho, cuando elijo, trato de elegir así…

Nos falta comprensión más crítica del gobierno, de los partidos, de la política, de la ideología. Por ejemplo, se piensa mucho que la administración depende totalmente de la persona que se elija para el cargo máximo del Ejecutivo. Todo se espera de él o de ella en la primer semana de gobierno. No existe una comprensión de éste como totalidad. [...] 

Tenemos que trabajar los obstáculos ideológicos, sin lo cual no prepararemos el camino para percibir lúcidamente que entre yo y el candidato al cual yo voto hay mucho más que una relación afectiva o de gratitud, por ejemplo. Si estoy agradecido a una persona puedo y debo manifestar mi gratitud hacia ella. Pero mi gratitud no puede estar involucrada con el interés público. Si mi utopía, mi sueño, por el cual lucho al lado de tantos otros, es lo opuesto o antagónico del sueño del candidato, no puedo votarlo o votarla. Mi gratitud no me puede llevar a trabajar contra mi sueño, que no es sólo mío. No tengo el derecho de exponerlo para pagar una deuda que es pura y exclusivamente mía.

Votar A o B no consiste en ayudar a A o B a ser elegido, sino en delegar en alguien el poder político en cierto nivel; en la democracia, es la posibilidad de luchar por un sueño posible. En ningún caso puedo votar a alguien que después de electo o electa vaya a luchar en contra de mi sueño.

Paulo Freire. Cartas a quien pretende enseñar.

Cajas mentales

Uciel volvió a sorprenderme con su elección. En su proyecto literario, publicó este texto y logró su objetivo: me hizo pensar. Y me quedé pensando en la subjetividad de las cosas, de los valores. Los valores absolutos, los valores relativos, los valores en contexto. Y es que en este caso habla de dinero, de valores monetarios, pero creo que este relativismo que opera en nosotros puede aplicarse también a los valores humanos, como ya comprobé alguna vez…

Más que un disco rígido – Cajas mentales

Imagínate que vas a una casa de electrodomésticos a comprar un LCD que cuesta 6.000 pesos. Estás por pagar y tu pareja te dice que a la vuelta la competencia tiene el mismo modelo a 5.980 pesos. ¿Qué hacés? ¿Caminás las dos cuadras para ahorrarte 20 pesos ?

Ahora imagínate que ese día tu sobrino cumple años y pensaste en regalarle un oso de peluche que vista a 40 pesos. Esta vez, cuando vas a pagar, tu pareja te dice que a la vuelta, en otra juguetería, vio el mismo juguete a 20 pesos. Por el osito que cuesta la mitad, ¿ acaso no caminarías las dos cuadras?

En el caso del LCD, probablemente considerás que ahorrar 20 pesos en 6.000 es poco, y no estarías dispuesto a realizar el esfuerzo. Pero en el caso del oso para tu sobrino querido, ahorrar 20 pesos en 40 te parece mucho y si lo harías. Lo llamativo es que en ambos casos la disyuntiva es idéntica: ¿vale la pena caminar dos cuadras para quedarme con 20 pesos más en el bolsillo?

Lo que pasa es que uno pone esos idénticos 20 pesos en distintas “cajas mentales “ . Cajas mentales tan simples como “LCD” o “Regalos para mi sobrino”. Y si uno ya decidió comprar un LCD para ver los partidos de su equipo, ahorrarse 20 pesos en la caja “LCD” no es relevante. En cambio, ahorrarse 20 pesos en la caja “Regalos para mi sobrino” nos hace sentir un genio de los negocios.

Esto, que a cualquiera le puede resultar una simple curiosidad, para la economía es un reto. Las leyes económicas dicen que el dinero es fungible, es decir que los 20 pesos de uno y otro caso tienen el mismo poder de compra, y por lo tanto valen lo mismo. De hecho, cuando los uses nadie va a notar la diferencia de dónde los conseguiste. Pero, como vemos, las personas no siempre nos comportamos de acuerdo con estas leyes, y entonces aparecen diferencias entre ciencia y realidad.

La trampa de las cajas mentales no discrimina por nivel de conocimiento de la teoría económica. Una vez hablé de este tema en la radio, y al rato recibí un mensaje de Guillermo, un amigo que posee un doctorado en Economía en la prestigiosa London School of Economics and Political Sciencie. Decia: “Me voy de viaje de trabajo esta semana. Me dieron tres veces más de lo que pensé que me iban a dar en concepto de viáticos no reintegrables”. Pensamiento instantáneo: Me gasto tutti. Pero en el fondo es plata, ¿no? ¿Por qué no guardarla? Porque está en la caja mental “Viene de arriba, así que vale todo…”

Martín Lousteau

Enseñar de cuerpo entero

La tarea del docente, que también es aprendiz, es placentera y a la vez exigente. Exige seriedad, preparación científica, preparación física, emocional, afectiva. Es una tarea que requiere, de quien se compromete con ella, un gusto especial por querer bien, no sólo a los otros sino al propio proceso que ella implica. Es imposible enseñar sin ese coraje de querer bien, sin la valentía de los que insisten mil veces antes de desistir. Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada de amar. Es preciso atreverse, en el sentido pleno de esta palabra, para hablar de amor sin tener temor de ser llamado blandengue, o meloso, acientífico si es que no anticientífico. Es preciso atreverse para decir científicamente y no blablablantemente, que estudiamos, aprendemos, enseñamos y conocemos con nuestro cuerpo entero. Con los sentimientos, con las emociontes, con los deseos, con los miedos, con las dudas, con la pasión y también con la razón más crítica. Jamás sólo con esta última. Es preciso atreverse para quedarse o permanecer enseñando por largo tiempo en las condiciones que conocemos, mal pagados, sin ser respetados y resistiendo el riesgo de caer vencidos por el cinismo. Es preciso atreverse, aprender a atreverse, para decir no a la burocratización de la mente a la que nos exponemos a diario. Es preciso atreverse para continuar cuando a veces se puede dejar de hacerlo, con ventajas materiales.

Paulo Freire. Cartas a quien pretende enseñar.

La primera vez que leí este fragmento, sentí que estaban poniendo en palabras y en un libro algo que yo hace mucho tiempo pensaba y que de distintas formas iba diciendo. A veces, hasta dije que trabajo con amor y que tengo amor a mi tarea y a mis alumnos. Uno publica aquí las cosas que le llegan. Por eso, quise dedicar este pequeño párrafo a todos los educadores, hoy, en el día del maestro. Para que sigan amando su tarea, enseñando con cuerpo y alma y resistiendo a la burocratización de la mente y de nuestra tarea. Para que sigan dando alas a los estudiantes con la esperanza de un futuro mejor para ellos y para todos.

Mis saludos, y feliz día!!

Matambre vegetariano

  • 2 Tazas de harina integral
  • 2 Cucharaditas de polvo de hornear
  • 1/2 taza de aceite
  • 1/2 taza de agua fría
  • 2 zanahorias medianas
  • 1 morrón rojo chico
  • 1 paquete de espinaca
  • 4 cebollas de verdeo
  • 2 huevos duros
  • 200 gramos de queso en fetas
  • 1 huevo batido
  • 2 cucharadas de queso rallado
  • sal, pimienta, nuez moscada.

Mezclar la harina con el polvo de hornear, sal y pimienta. Agregar el aceite y el agua de una vez y mezclar con las manos hasta hacer una masa blanda. De ser necesario, agregar más agua. Dejar descansar.

Lavar la espinaca quitando los tallos, dejar escurrir bien. Pelar las zanahorias y cortarlas en virutas con el pelapapas. Filetear el morrón en tiras bien finas. Cortar bien fina la la cebolla de verdeo, en trocitos muy pequeños.

Estirar la masa bien fina, de medio centímetro de espesor, dándole forma rectangular. Es esencial que la masa no se pegue a la mesada.

Extender sobre la masa una capa de queso; sobre ella, rallar los huevos duros; luego estirar la cebolla de verdeo.

Colocar las hojas de espinaca estiradas formando una capa plana. Luego acomodar alternadamente franjas de  zanahoria y morrón. Salpimentar.

Enrollar la masa con cuidado y apretando bien, pero cuidando que no se explote. Pegar el extremo final con un poco de agua y cerrar los extremos de la misma manera.

Colocar en una placa aceitada y llevar a horno moderado por aproximadamente una hora. Cuando esté a medio cocinar, pintar con huevo batido y espolvorear con queso rallado.

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